6 de septiembre, 2026
Dios obra en medio de la persecución - Domingo 05 de Septiembre del 2026
Reunión Dominical
En esta prédica, se aborda el tema de cómo Dios obra en medio de la persecución, utilizando el ejemplo de Felipe en el libro de Hechos. A través de su experiencia, se nos invita a reflexionar sobre el amor que debemos tener hacia aquellos que nos persiguen y cómo este amor se manifiesta de manera intencional, radical y genuina.
Introducción a la Persecución
La iglesia primitiva creció en medio de una intensa persecución, comenzando con la muerte de Esteban. Esta situación llevó a los creyentes a esparcirse por Judea y Samaria, cumpliendo así la misión de Cristo de ser testigos hasta los confines de la tierra. La persecución, aunque dolorosa, fue utilizada por Dios para propagar el evangelio.
Amor Intencional
Felipe, uno de los diáconos, nos enseña a amar intencionalmente, incluso a aquellos que nos hacen daño. A pesar de ser perseguidos, los creyentes no se lamentaban, sino que proclamaban el evangelio con gozo. Este amor intencional se manifiesta en la disposición de compartir las buenas nuevas con aquellos que son diferentes a nosotros.
Amor Radical
El amor radical se evidencia cuando Felipe se dirige a Samaria, un lugar donde los judíos eran despreciados. A pesar del riesgo, él decide llevar el mensaje de Cristo a quienes lo odiaban. Este acto de valentía muestra que el amor de Dios trasciende las barreras culturales y raciales, y nos llama a actuar más allá de nuestras comodidades.
Amor Genuino
La historia de Simón, el mago, ilustra la necesidad de un amor genuino. Aunque Simón creyó y fue bautizado, su corazón aún estaba lleno de ambición y deseos egoístas. Pedro lo confronta, instándolo a arrepentirse. Esto nos recuerda que el verdadero amor debe ir acompañado de un cambio genuino en nuestros corazones y acciones.
Aplicación
Como iglesia, estamos llamados a amar intencionalmente, radicalmente y genuinamente. Debemos recordar que el evangelio es para todos, incluso para aquellos que nos persiguen o nos hacen daño. Reflexionemos sobre cómo podemos ser instrumentos de Dios en la proclamación de su amor, y que nuestra vida sea un testimonio del poder transformador de Cristo en medio de la adversidad.
